
No teníamos ni idea de qué esperar
Movimientos de tierra día tras día, semana tras semana. Se movieron unos 350.000 metros cúbicos. A menudo no veíamos ningún avance durante mucho tiempo. Siempre teníamos que transferir una suma de unos 100.000 USD a la empresa constructora Constructec al final de cada mes. Nunca pedimos dinero, ni en nuestras cartas informativas ni en nuestras charlas públicas. Contábamos una historia de fe y rezábamos por las noches para que Dios hiciera milagros.
Si hubiéramos sabido lo difícil y pedregoso que iba a ser el camino, quizá nos habríamos rendido. Pero en realidad sentíamos una certeza interior de que Dios lo resolvería todo al final. Nuestro socio consultor era el ingeniero civil Udo Klemenz. Él y su esposa Barbara habían llegado a Perú con los John el 3 de agosto de 2005.
Si Dios no nos hubiera tendido la mano mil veces, todo habría fracasado por completo. Pero el Altísimo no nos defraudó. El resultado fue uno de los hospitales misioneros más modernos del mundo, con los mejores precios para los más pobres. Diez jefes de estado o primeras damas escucharon personalmente la historia de boca de los médicos misioneros. E incontables millones vieron el thriller en 122 reportajes televisivos. La pregunta era siempre: ¿esto sigue siendo fe en Dios o es una locura? /KDJ















