Ahora de nuevo el momento de la despedida
Eran las dos y media de la madrugada el día 25 de octubre del año 1985 cuando mis padres me llevaron a la estación central de trenes de Mainz. Con el siguiente tren yo iría a Bruselas y luego con la línea Poeples Express volaría por 149 dólares a Nueva Jersey. Las luces amarillas de las lámparas en la calle brillaban a través de la ventana de nuestro coche. Antes de llegar, mi madre dijo una frase que aun lo tengo bien grabado después de 29 años: «¿Rudi, puedes orar?» Cerrando los ojos mi padre hizo una de sus oraciones mas profundas con bendiciones inimitables, durante la oración yo divagaba en mis pensamientos recordando que por 18 meses quería estudiar en varias universidades de los Estados Unidos y con la pregunta si ¿Nos veríamos de nuevo después de este día? – «Amen» terminó la profunda oración de mi padre. Ahora el viaje al nuevo mundo podía comenzar. Unos 20 minutos más tarde, el tren salio a través de la oscuridad con dirección a Bélgica.
Debe haber sido el 7 u 8 de agosto del 2010. Cuando llegamos con un auto alquilado mi hija Natalie y yo y paramos delante del High School en Leesburg, Florida y entonces de repente empezó la primera escena. Natalie sólo tenía 15 años de edad y se veía un poco angustiada por lo que vendría en los próximos 11 meses. «¿Papá, puedes orar por mí?» pregunto mi hija en voz baja. Esta invitación no habría sido necesaria, de igual forma yo elevaría una oración a Dios por nuestra hija mayor. – Al día siguiente seguí mi camino. Ahora Natalie tenía que depender de si misma.
Cuando mi padre en la primavera de 1944 fue reclutado en la frontera con sus 19 años de edad, mi abuelo, en Silesia, hizo también una oración de bendición con mucha preocupación. Y cuando nuestros hijos de aquí unos 20 años lleven a nuestros nietos a la estación, seguramente harán lo mismo. Ninguno de nosotros sabe lo que traerá el futuro. Confiamos a nuestros seres queridos, al cuidado de Dios. Más no podemos hacer.
Esta noche comienza nuestra hija un año de voluntariado en el extranjero, trabajara en un orfanato en Sudáfrica. Antes de salir del estacionamiento del aeropuerto de Frankfurt, oraré por mi querida hija. No como una obligación, ni solo por costumbre, sino lo haré desde lo más profundo de mi corazón. / KDJ












