
Pascal Maus resulta ser un simpatizante de Diospi Suyana desde el principio
Como de todos modos tengo que enviar unos paquetes como carga aérea para Diospi Suyana en el aeropuerto de Fráncfort, después me paso un rato por el almacén. Quiero hacerme una idea del estado actual de nuestras donaciones materiales. El jefe de almacén, Pascal Maus, me guía por las instalaciones. Él, como profesional, y yo, como profano en la materia, nos damos cuenta enseguida de que hay que cargar bien nuestro contenedor n.º 89, porque si no, va a quedar muy apretado.
De repente, sin darnos cuenta, nos vemos en medio de una conversación súper interesante. «¡Hace más de 20 años, yo también estuve allí cuando reformamos una clínica dental!». No me lo puedo creer. Me vienen a la mente recuerdos de aquel sábado en Pforzheim. Su jefe, Axel Lantzsch, había comprado la clínica para nuestro hospital y muchos voluntarios —uno de ellos, Pascal Maus— habían dedicado su tiempo libre a esta iniciativa.
Estoy realmente impresionado por su compromiso con la buena causa en Perú. Y por eso voy a darlo todo. El jefe de todas esas naves está escuchando ahora una historia tras otra sobre cómo ha evolucionado Diospi Suyana a lo largo de más de dos décadas. Hace bastante calor en agosto, pero la piel de gallina siempre forma parte de esta historia de misterio.
«¡No puedes explicar 200 coincidencias tan precisas sin la intervención de Dios!». Así es como, al final, saco mi conclusión. El señor Maus asiente con la cabeza. Las pruebas son sencillamente abrumadoras. /KDJ















